viernes, 24 de abril de 2026

LAS TRES DISCRIMINACIONES FUNDAMENTALES DE LA FLEXIBILIDAD PSICOLÓGICA EN UNA SESIÓN EN VIVO DE ACT O FACT DE GRUPO (Ruiz, 2026) **Sin IA**

 



Tras compartir un tema cargado emocionalmente los miembros del grupo parecen inquietos removiéndose o corrigiendo abruptamente sus posturas corporales en sus sillas, muy callados o bien comienzan a dar consejos sobre que hacer en ese momento a los compañeros que lo están pasando mal. El terapeuta amablemente les pide un alto en esta interacción y les propone hacer lo siguiente:

1º. Vamos a acomodarnos en las sillas donde estáis sentadas. Cerramos los ojos suavemente y en silencio observemos que dice nuestra mente sobre el asunto que acabamos de compartir (por ejemplo: “Esto es horrible”, “No puedo escuchar tanto sufrimiento”, “Tengo que decirle que haga algo con esto”, etc..). ¿Notáis lo que dice vuestra mente en este momento? (espera unos segundos). Ahora os voy a pedir que sigamos con los ojos cerrados y notemos las sensaciones de nuestros pies a través del calzado apoyado en el suelo, como nuestro pecho sube y baja de manera natural al respirar, del peso de nuestro cuerpo sobre la silla, los sonidos que nos llegan de esta habitación, alguna otra contigua o la calle. ¿Notamos estas sensaciones aquí y ahora? (espera unos segundos). ¿Quién nota la diferencia entre lo que dice su mente y sus sensaciones corporales y auditivas?”. El terapeuta toma nota de quién nota estas diferencias y quién no, sin dar explicaciones sobre por qué son diferentes. Si observa que notan poco estas diferencias vuelve en otro momento cargado emocionalmente a la misma tarea hasta obtener mejores discriminaciones de estas diferencias.

2º. En otro momento de carga emocional puede pedir de nuevo que cierren los ojos, o bien continuar desde el paso previo con una intervención en esta línea: “Cerramos los ojos suavemente y en silencio observemos si notamos alguna inquietud, alguna emoción de tensión, rabia, vergüenza, fuerte tristeza, miedo, ansiedad, etc.; y si aparecen intensos pensamientos que nos empujan o impulsan a desconectar, a evadirnos, a mostrarnos hostiles, a tratar de luchar con ellos para que nos  desborden o sobrepasen  e incluso a marcharnos de este espacio del grupo…notando como todo esto nos aleja de los compañeros del grupo y de lo que nos importa de verdad de venir a estas sesiones. Notando toda esta fuerza que nos empuja a alejarnos, ¿decidimos quedarnos aquí y seguir adelante desde lo que nos importa compartir con las compañeras del grupo aún en presencia de ese malestar?”. Igualmente observamos sus respuestas y volvemos en otro momento a ensayos similares para moldear un mayor acercamiento hacia lo que importa en presencia del malestar.

3º. Siguiendo desde el punto 1, 2 o la combinación de ambos, terminamos con esta pregunta para todos (que se vuelve a presentar en más ocasiones): “¿Quién es la persona que se da cuenta de todos estos pensamientos y sensaciones molestas y aun así decide dar un paso adelante cargando con ellas?”

Recogemos las respuestas y observamos si es necesario volver a presentar toda la secuencia en otras ocasiones para moldearlas y reforzarlas diferencialmente en más ocasiones, que será lo más habitual y esperable dado el grado alto de control verbal o fusión cognitiva con el que llegan las personas al grupo bajo su agenda socio-verbal habitual de “tengo que librarme de estos malos pensamientos y sentimientos para poder moverme hacia la vida que deseo y me importa”.


Nota: No es el único procedimiento de trabajar con estas tres discriminaciones (una metáfora de referencia a lo largo de las sesiones, ejercicios experienciales, matrix, etc.)

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