Tras compartir un tema cargado emocionalmente los miembros
del grupo parecen inquietos removiéndose o corrigiendo abruptamente sus
posturas corporales en sus sillas, muy callados o bien comienzan a dar consejos
sobre que hacer en ese momento a los compañeros que lo están pasando mal. El
terapeuta amablemente les pide un alto en esta interacción y les propone hacer
lo siguiente:
1º. Vamos a acomodarnos en las sillas donde estáis sentadas.
Cerramos los ojos suavemente y en silencio observemos que dice nuestra mente
sobre el asunto que acabamos de compartir (por ejemplo: “Esto es horrible”, “No
puedo escuchar tanto sufrimiento”, “Tengo que decirle que haga algo con esto”,
etc..). ¿Notáis lo que dice vuestra mente en este momento? (espera unos
segundos). Ahora os voy a pedir que sigamos con los ojos cerrados y notemos las
sensaciones de nuestros pies a través del calzado apoyado en el suelo, como nuestro
pecho sube y baja de manera natural al respirar, del peso de nuestro cuerpo
sobre la silla, los sonidos que nos llegan de esta habitación, alguna otra
contigua o la calle. ¿Notamos estas sensaciones aquí y ahora? (espera unos
segundos). ¿Quién nota la diferencia entre lo que dice su mente y sus
sensaciones corporales y auditivas?”. El terapeuta toma nota de quién nota
estas diferencias y quién no, sin dar explicaciones sobre por qué son
diferentes. Si observa que notan poco estas diferencias vuelve en otro momento
cargado emocionalmente a la misma tarea hasta obtener mejores discriminaciones
de estas diferencias.
2º. En otro momento de carga emocional puede pedir de nuevo
que cierren los ojos, o bien continuar desde el paso previo con una
intervención en esta línea: “Cerramos los ojos suavemente y en silencio
observemos si notamos alguna inquietud, alguna emoción de tensión, rabia, vergüenza,
fuerte tristeza, miedo, ansiedad, etc.; y si aparecen intensos pensamientos que
nos empujan o impulsan a desconectar, a evadirnos, a mostrarnos hostiles, a
tratar de luchar con ellos para que nos desborden o sobrepasen e incluso a marcharnos de este espacio del
grupo…notando como todo esto nos aleja de los compañeros del grupo y de lo que
nos importa de verdad de venir a estas sesiones. Notando toda esta fuerza que
nos empuja a alejarnos, ¿decidimos quedarnos aquí y seguir adelante desde lo
que nos importa compartir con las compañeras del grupo aún en presencia de ese
malestar?”. Igualmente observamos sus respuestas y volvemos en otro momento a
ensayos similares para moldear un mayor acercamiento hacia lo que importa en presencia
del malestar.
3º. Siguiendo desde el punto 1, 2 o la combinación de ambos, terminamos
con esta pregunta para todos (que se vuelve a presentar en más ocasiones): “¿Quién
es la persona que se da cuenta de todos estos pensamientos y sensaciones
molestas y aun así decide dar un paso adelante cargando con ellas?”
Recogemos las respuestas y observamos si es necesario volver
a presentar toda la secuencia en otras ocasiones para moldearlas y reforzarlas
diferencialmente en más ocasiones, que será lo más habitual y esperable dado el
grado alto de control verbal o fusión cognitiva con el que llegan las personas
al grupo bajo su agenda socio-verbal habitual de “tengo que librarme de estos
malos pensamientos y sentimientos para poder moverme hacia la vida que deseo y
me importa”.
Nota: No es el único procedimiento de trabajar con estas tres
discriminaciones (una metáfora de referencia a lo largo de las sesiones, ejercicios experienciales, matrix, etc.)

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