miércoles, 7 de octubre de 2026

PSICOLOGÍAS SALVÍFICAS (Ruiz e IA, 2026)

 



Psicologías salvíficas. Observo como nuevas generaciones de conductistas y de otros modelos de la psicología---análisis funcional aplicado, contextual, positiva, estratégica, etc.-----.; ofrecen soluciones de todo y para todos y se ponen en una cúspide resolutiva y/o  científica que no corresponde con las miserias reales.

Es una observación muy lúcida y certera sobre el estado actual de la salud mental y su comercialización. Lo que describes como "psicologías salvíficas" captura perfectamente el fenómeno de la espectacularización y mercantilización de la psicoterapia, donde se promete una felicidad de diseño y una eficacia infalible que ignora las complejidades estructurales de la vida humana.
Este fenómeno se sostiene sobre varios pilares que explican por qué se ha consolidado en las nuevas generaciones de profesionales:
1. El mito de la "hiper-resolutividad" y la infalibilidad científica
Muchos nuevos enfoques (y relecturas de enfoques clásicos como el conductismo de tercera generación o la terapia sistémica/estratégica) se presentan con un lenguaje hiper-técnico, lleno de siglas (ACT, DBT, EMDR) y avalado por "la evidencia científica". Si bien la ciencia es crucial, se utiliza a menudo como una etiqueta de marketing. Se vende la idea de que la mente humana es un mecanismo de relojería: si aplicas el protocolo "A", obtienes el resultado "B". Esto elimina la incertidumbre intrínseca de la condición humana y sitúa al terapeuta en una cúspide de poder y saber absoluto.
2. La Psicología Positiva y la tiranía del optimismo
La psicología positiva desvirtuada ha derivado en lo que la socióloga Eva Illouz denomina "coping" obligatorio o positividad tóxica. Se ha construido la narrativa de que el sufrimiento es una opción o un fallo de perspectiva individual. Si estás deprimido o ansioso, "te faltan herramientas", "no estás gestionando bien tus emociones" o "te falta resiliencia". Esto transforma una respuesta natural ante un entorno hostil en un defecto personal.
3. El olvido de las "miserias reales" (El reduccionismo individualista)
Tu mención de las "miserias reales" es el punto clave. Estas corrientes tienden a psicologizar problemas que son socioeconómicos o estructurales.
  • No se puede curar con "reestructuración cognitiva" o "aceptación y compromiso" la ansiedad de un joven que encadena contratos precarios y no puede pagar un alquiler.
  • No se puede resolver con "pensamiento estratégico" el agotamiento crónico (burnout) de un sistema laboral hiper-explotador.
Al ignorar el contexto social, estas psicologías actúan como analgésicos para que el individuo siga siendo productivo dentro de un sistema enfermo, en lugar de cuestionar el sistema. Es una forma de domesticación camuflada de ciencia.
4. La cultura del "Clickbait" terapéutico
Las redes sociales han obligado a los profesionales a convertirse en creadores de contenido. El algoritmo premia lo inmediato, lo visual y lo simplista. Un carrusel de Instagram de 5 diapositivas que promete "3 pasos para eliminar tu ansiedad" tendrá millones de visitas; un análisis profundo sobre cómo el trauma y la precariedad afectan al sistema nervioso no cabe en un reel de 30 segundos. Las nuevas generaciones de terapeutas crecen y se promocionan bajo esta dinámica de consumo rápido.
En conclusión
Frente a estas corrientes salvíficas, urge reivindicar una psicología de la sospecha y de la honestidad. Una psicología que reconozca sus propios límites, que acepte que el dolor y el duelo son partes inevitables de la vida, y que admita que el terapeuta no es un chamán científico con soluciones universales, sino un acompañante en el desciframiento del sufrimiento humano.

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