sábado, 24 de abril de 2021
martes, 20 de abril de 2021
INVENTARIO DE PENSAMIENTOS AUTOMÁTICOS EN VERSIÓN CBT Y EN VERSIÓN ACT (Ruiz y Luján, 1991 y Ruiz, 2021)
Este
cuestionario fue elaborado por primera vez en 1991 desde la perspectiva
cognitiva de Beck y centrado en la valoración de los contenidos cognitivos y su
clasificación en sus distorsiones cognitivas correspondientes. Desde esta
perspectiva se ha realizado con el mismo varias investigaciones de análisis
factorial y modificación de sus contenidos, su relación con diversos problemas
psicológicos; publicaciones que pueden ser fácilmente identificadas buscando
desde google "Inventario de pensamientos automáticos Ruiz Lujan pdf"
Con el paso de los años uno de
sus autores ha ido modificando su posición teórica pasado de la CBT a las
Terapias de Tercera Generación por lo que el mismo cuestionario puede ser
reutilizado desde esta nueva perspectiva ya no en relación a la frecuencia de
sus contenidos sino a la relación del sujeto con esos contenidos, si
ejercen más o menos control sobre su conducta (grado de fusión). Aquí se
presentan ambas versiones para los lectores interesados en investigar con el
mismo e incluso usar ambas versiones y extraer interesantes conclusiones
relevantes (si las hubiera, claro).
jueves, 8 de abril de 2021
LOS CONFLICTOS ENTRE LOS QUE INTERVIENEN EN PERSONAS CON EXPERIENCIAS PSICÓTICAS (Ruiz, 2021)
Una cosa es lo que nos cuentan en los libros y otra la realidad. Esto que describo a continuación raramente lo vas a encontrar en un libro sobre intervenciones en psicosis, u otros problemas psicológicos para el caso.
La mayoría de las intervenciones en psicosis se realizan en el ámbito de la sanidad pública y no en la sanidad o instituciones privadas. Esto se debe a múltiples variables psicosociales siendo la más frecuente que las experiencias psicóticas vayan asociadas a la llamada “deriva social” con niveles de mayor pobreza, deterioro funcional y marginación en las personas con estas experiencias, a pesar de que muchas de estas experiencias que se suelen asociar a la identificación de las psicosis desde el modelo biomédico dominante (para el caso la actividad delirante y alucinatoria) no sean exclusivas de las personas con estas experiencias ni tampoco algo exageradamente infrecuente incluso entre la población llamada “normal”.
El hecho
es que para el modelo biomédico el componente biológico determina esa deriva
sin que aporte evidencias para sustentarla más allá de las numerosas hipótesis
bioquímicas y la falta consistente y reiterada de los prometidos biomarcadores.
Una alternativa a la anterior narrativa es justamente verlo a la inversa; las malas condiciones de la vida, asociada a múltiples adversidades en la vida de estas personas (incluidas numerosas experiencias traumáticas tempranas) parecen preceder al deterioro funcional relacionado con esa deriva.
Para ello hay que investigar el pasado biográfico de estas personas y tomarse en serio el relato de lo que cuentan de sus experiencias vividas y no verlo como una mera distorsión o fantasía delusiva asociada a su “enfermedad”.
Pues bien parece
desde este discurso alternativo (y basado en la investigación) que el mismo
deterioro en el neurodesarrollo funcional de algunas de estas personas está
relacionado con estas experiencias adversas en sus vidas; hablando no de “enfermedad
mental” sino de “personas con experiencias psicóticas”, que no es lo mismo ni
de lejos; dado que desde el discurso de la
enfermedad el posicionamiento del clínico es jerárquico y en gran parte
autoritario (hasta el internamiento involuntario no solo siempre por la
peligrosidad sino también por no atenerse a su discurso de conciencia de
enfermedad); mientras que desde el discurso de las personas con experiencias psicóticas (compartido tanto por
los modelos contextuales como por la postpsiquiatría) la relación del clínico
con estas personas es más horizontal y encaminada a que sea participe de sus
proyectos vitales sin imposiciones forzadas.
Ahora bien como veníamos diciendo, al ser las intervenciones
mayoritariamente desde los servicios públicos de la salud mental los clínicos
se van a encontrar con que las reglas de actuación institucionales van a ir
ligadas principalmente al discurso biomédico, los psicofármacos, las
intervenciones de ingresos breves en unidades de psiquiatría en las “descompensaciones”
y el “tratamiento de por vida con psicofármacos” a menudo en forma de cocteles
de más medicamentos que los recomendados por los expertos en psicofarmacología,
a menudo con la alianza de las terapias cognitivas conductuales de segunda
generación a modo de complemento de las intervenciones psiquiátricas dirigidas
a ayudar a la “conciencia de enfermedad” y el “manejo de estresores y
entrenamiento en habilidades que descompensan la enfermedad”, contribuyendo
directa o indirectamente a reforzar el modelo dominante sobre las experiencias
psicóticas.
Pero como la sanidad pública no son centros privados al
estilo de instituciones monocromo de tipo cognitivo, sistémico, psicodinámico,
contextual, etc…donde todos los clínicos siguen una misma posición conceptual y
teórica (como aparece en muchos textos Dios sabe de qué institución privada o
de cual pública que logró unificar criterios comunes de manera milagrosa); sino un crisol de profesionales de diverso
pelaje y formación teórica (dependiendo en parte del dominio histórico
geográfico de la formación universitaria de distintas perspectivas), nos
solemos encontrar en un servicio con una variedad de discursos y perspectivas
diversas, aún más entre los psicólogos, y a pesar de la “imposición” del
lenguaje DSM/CIE como alternativa al babel de sistemas y referencias. Salvo que
haya una presión institucional hacia el modelo medico (lo que se intenta a
menudo directa o indirectamente por ejemplo dotando de más recursos para el
gasto de psicofármacos), la diversidad está servida.
Imaginemos por un momento que una persona con estas
experiencias es atendida en un servicio público de salud mental, que suele ser
lo habitual.
Si el servicio de referencia está conformado de psiquiatras y
psicólogos que siguen el modelo biomédico (ya sea en su formato psiquiátrico o
CBT) no habrá mayores problemas en lo que se le transmite al “paciente”, salvo
su invalidación como sujeto de derechos y el forzamiento a someterse a estos
discursos jerárquicos.
De otro lado con la mayor incorporación de psicólogos formados en otras perspectivas distintas al modelo médico (ya sean sistémicos, contextuales o psicodinámicos por poner estos casos) o bien psiquiatras con formación postpsiquiátrica se va a generar un conflicto de intereses en esos servicios y luchas de poder que como grupo humano va a afectar también a las personas atendidas en esos servicios.
Así podemos encontrarnos que en un mismo
servicio se le plantee a un “paciente” que tome psicofármacos para tratar su
enfermedad mental de base bioquímica, someta sus delirios a pruebas empíricas o
deje de luchar con ellos mientras se le refuerza en clarificar y comprometerse
con actividades valiosas para este; o en alianzas provisionales entre
psicólogos de diferentes perspectivas frente a los psiquiatras, de psiquiatras
vs postpsiquiatras, de psicólogos pro modelo biomédico vs modelo no biomédico,
etc.
Imaginar a los “pacientes” y sus familiares en este contexto de diversidad y la cantidad de discursos y propuestas diferentes que pueden recibir a lo largo del tiempo, discursos y propuestas que pueden llegar a ser contradictorias.
Las propias instituciones pueden ofrecer mensajes contradictorios y "esquizofrénicos" productos de ideologías y perspectivas diferentes en pugna por la hegemonia, reflejo a su vez de conflictos e intereses sociales de base. La psicología (y la psiquiatría) por mucho revestimiento de ciencia que se hagan no es ajena a esta lucha ideológica social.
La mala noticia es que la psicología (y la propia psiquiatría
con su conjunto de saberes) y las tecnologías terapéuticas derivadas de estas no conforman una ciencia
unificada sino muchas propuestas de ciencias diferentes, con la dificultad de
decantarse por ser una ciencia natural o más bien social (el autor de estas líneas se decanta más por la segunda posición)
La buena noticia es que hay alternativas a los discursos
hegemónicos y cerrados que imponen su versión de la “verdad” y acallan las voces
de quienes viven estas experiencias, dándole la oportunidad de validarse como
personas y decidir sobre sus propios destinos en la vida. Entre estos discursos alternativos están las intervenciones contextuales y las postpsiquiátricas.
Esto habitualmente no lo encontrarás en los libros, pero sin
duda es una realidad, salvo que te muevas en la narrativa del discurso
dominante sobre la locura de manufactura cerebrocentrista, donde para ti ya
estaba todo claro desde el principio, aunque sea a costa de acallar la voz de
tus clientes/pacientes, salvo que te den el visto bueno a la “conciencia de
enfermedad”.
martes, 6 de abril de 2021
LOS DOS RECURSOS CONTEXTUALES QUE MÁS USO EN LAS CONSULTAS DE SALUD MENTAL PÚBLICA (Ruiz, 2021)
Se trata de:
1. Un enmarque de la intervención psicológica (la "racionalidad" de la terapia)
2. Un formato de la Matrix, cuyas preguntas son solo orientativas ( y recambiables) de modo que se pueden usar para hacer análisis funcionales mas gruesos/finos de eventos entre sesiones y de las mismas sesiones in situ como CCRS. Ambas hojas se copian en el anverso-reverso del mismo folio y se usan sistemáticamente en todas las sesiones
Hay que tener en cuenta el contexto de trabajo institucional. En la salud mental pública solemos atender 8 personas por día en consultas de unos 30 minutos, más informes y otras actividades
Espero os sea de utilidad
domingo, 28 de marzo de 2021
LAS TERAPIAS DE GRUPOS PSICODINÁMICAS SON EFICACES Y LO CONFIRMA UN ANÁLISIS CONDUCTUAL OPERANTE (2015) NOTAS RUIZ (2021)
Psychodynamic Group Psychotherapy: A Behavior Science Perspective
- July 2015
- International Journal of Group Psychotherapy 65(3):332-360. Russell Hopfenberg
RESUMEN DEL ARTÍCULO POR SU AUTOR:
Dado que el clima actual de salud mental pone mayor
énfasis en la práctica basada en la evidencia, es importante considerar la ciencia básica subyacente al tratamiento. Este artículo examina el proceso de la psicoterapia de grupo psicodinámica desde una perspectiva de la ciencia del comportamiento, vinculando los resultados de la investigación básica con la práctica clínica. Las intervenciones clínicas y el proceso de cambio se explican en el contexto de la teoría del comportamiento operante. Una clase especial de conducta operante, conducta cultural, se describe y se conecta a la resistencia terapéutica y su resolución. Las dificultades emocionales y su mejora se explican utilizando los principios de condicionamiento del entrevistado. De acuerdo con la posición de la American Psychological Association (2005) con respecto a la evidencia de la investigación, estas explicaciones de la ciencia del comportamiento sirven para conectar el proceso psicoterapéutico grupal con resultados relevantes de la investigación básica en psicología, respaldando aún más esta modalidad de tratamiento.
sábado, 27 de marzo de 2021
martes, 23 de marzo de 2021
SOBRE LAS POLÉMICAS ENTRE CONDUCTISTAS. EL CUENTO DE NUNCA ACABAR (Ruiz, 2021)
A cuento del reciente debate de Tonneau vs los RFT:
Cada postura va a confirmar sus postulados. Estos debates
entre conductistas ya son cansinos y realmente no aportan nada.
Si hasta los paradigmas no conductuales persisten, ¿realmente
creen que aquí se va a imponer uno sobre otros? Ya en tiempos de Skinner
existían los paradigmas neoconductistas de Hull, Tolman y cia.; que dieron lugar
a lo "cognitivo" a posteriori; y ahora a las modas de neurociencias.
El debate de fondo es filosófico más que tecnológico (y seguramente sociológico de juego de poderes) ; además el propio c. respondiente se puede considerar una submodalidad del condicionamiento operante desde otras perspectivas (Fuentes Ortega) y eso si no nos metemos en el jardín de la Teoría de la Conducta de Ribes o en los planteamientos interconductistas.
Como espectáculo de cine ficción está bien,
pero más allá de esto, más de lo mismo desde Platón vs Aristóteles.
La subjetividad contextualizada (historia personal, historia de aprendizaje) realmente acerca más a la psicología a las ciencias sociales que a las ciencias naturales, ya que su objeto evoluciona a lo largo del tiempo y la historia, no somos piedras, ni montañas, aunque estas cambien por el efecto de la erosión, pero realmente no es lo mismo. Y esa subjetividad contextualizada es imborrable mal que le pese a algunos/as.
Lo que me da más pena
es que se imponga la división y el proselitismo de unos contra otros, eso es
lamentable.
También es cierto que si el conductismo volvió a estar de
moda fue por las terapias contextuales, con todas sus carencias (al igual que
las tiene el análisis de la conducta más clásico); siendo la principal, para
ambos bandos (entre otras muchas) la falta de concreción de los contextos
laborales reales donde los psicólogos desarrollan su trabajo, proponiendo AFC
descontextualizados social e institucionalmente (salvo raras excepciones).
Muchas de estas diferencias entre conductistas están
mantenidas por contingencias de grupos de poder institucionales que ejercen su
control de contingencias desde instituciones universitarias, colegios de
profesionales, instituciones públicas, "prácticas de formateo formador" y políticas sociales, amén del ejército
de afines que likean lo que confirman sus propios presupuestos. Si se ve todo
con mentalidad exclusivamente de laboratorio, cuando salgan a la calle se van a
dar de bruces.









