1. “Tengo que resolver los problemas del paciente.” → En vez de eso: priorizar proceso y experiencia (aquí y ahora) sobre soluciones rápidas.
2. “Debo enseñar bien la terapia para que funcione.” → Evitar el modo profesor; facilitar experiencias más que explicaciones.
3. “Hay que seguir la agenda o el guion de la sesión.” → Flexibilidad > protocolo. Lo vivo en sesión es más importante que lo planificado.
4. “Tengo que convencer al paciente de que cambie.” → Sustituir persuasión por evocación: que la experiencia del paciente guíe el cambio.
5. “Como terapeuta, debo tener respuestas y soluciones.” → Abandonar el rol de experto rígido y trabajar desde la curiosidad y la función.
6. “No debo mostrar dudas, emociones o vulnerabilidad.” → La vulnerabilidad terapéutica (bien usada) es intervención, no debilidad.
7. “Tengo que llevar el peso de la sesión.” → El cambio es co-construido; el grupo/paciente también sostiene el proceso.
8. “Debo evitar el conflicto o la incomodidad para mantener la cohesión.” → La confrontación compasiva (Adler/FAP/CFT) es clave para el cambio.
9. “Lo importante es el contenido (historias, síntomas, explicaciones).” → Lo central es la función y lo que ocurre en la relación en ese momento.
10. “El progreso debe ser lógico, correcto y visible.” → Soltar la lógica excesiva y el rendimiento: el cambio también pasa por lo emocional, lo implícito y lo lento.

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