sábado, 20 de mayo de 2017

LIBROS QUE NOS HABLAN QUE LOS PROBLEMAS PSICOLOGICOS NO SON ENFERMEDADES

Aquí referencias a algunos libros que nos hablan de que los problemas psicológicos no son enfermedades


El sentido de la locura

La exploración del significado de la esquizofrenia

Jim Geekie (Autor), John Read (Autor)



 https://www.herdereditorial.com/el-sentido-de-la-locura_1


La obra que el lector tiene en sus manos analiza esa experiencia que solemos denominar locura, esquizofrenia o psicosis, la cual se halla presente en todas las sociedades y, hasta donde alcanza nuestro conocimiento, en todas las épocas, ya que la tendencia de la mente a desviarse de lo que una sociedad determinada considera «normal» y aceptable, junto con la propensión del resto de los miembros de dicha sociedad a sancionar estas desviaciones, es uno de los aspectos centrales de la naturaleza humana. Sin subestimar la importancia de las manifestaciones del fenómeno –las alucinaciones, las ideas delirantes y los trastornos cognoscitivos–, Jim Geekie y John Read abordan en esta obra las experiencias subjetivas, una cuestión fundamental y tradicionalmente relegada por los estudios, ya que consideran que los individuos que experimentan la locura están capacitados para realizar comentarios únicos sobre dicha experiencia y pueden ofrecer una contribución importante a nuestra comprensión de la misma. El sentido de la locura es una lectura esencial para los profesionales de la salud mental, así como para los pacientes y para sus familiares. 


Los problemas psicológicos no son enfermedades

Una crítica radical de la psicopatología
 
 
 

Ernesto López Méndez , Miguel Costa Cabanillas

 

 https://www.edicionespiramide.es/libro.php?id=3296674

Decían los antiguos que la melancolía era una enfermedad, la «enfermedad melancólica», y que era debida a la bilis negra, una sustancia quimérica, que ascendía desde el bazo al cerebro y lo secaba, cosa que le pasó a don Quijote y por eso perdió el juicio. En nuestros días, el modelo psicopatológico declara que muchos de los problemas como la depresión, las fobias, las disfunciones sexuales, las crisis de pánico, oír voces o los intentos de suicidio, son también una enfermedad, una patología o una psicopatología. Incluso esta declaración patológica se ha ido extendiendo, y amenaza con seguir haciéndolo, a muchas otras experiencias de la vida que nunca antes habían sido consideradas ni siquiera como problemas, sino como experiencias propias del vivir de cada día que a menudo conllevan dolor y sufrimiento, como el duelo por la muerte de un ser querido, la pérdida del deseo sexual o la falta de motivación para hacer cosas que antes nos ilusionaban. No existe ninguna evidencia científica de que estos problemas sean una enfermedad, una patología mental o una psicopatología, ni de que estén causados por un supuesto desequilibrio de los neurotransmisores cerebrales, como tampoco lo estaba la melancolía por un supuesto desequilibrio de la bilis negra. Declarar que una persona tiene una enfermedad porque se siente deprimida, tiene miedo a salir de casa u oye voces que le amenazan es una quimera de diagnóstico, porque asigna una enfermedad inventada y porque además expropia a esas experiencias su significado vital y hace más difícil comprenderlas y entender las vicisitudes de la vida que han llevado a las personas a vivirlas.



LA INVENCION DE TRASTORNOS MENTALES: ¿ESCUCHANDO AL FARMACO O AL PACIENTE?

MARINO PEREZ ALVAREZ; HECTOR GONZALEZ PARDO , 2007 

 

 https://www.amazon.es/invenci%C3%B3n-trastornos-mentales-%C2%BFEscuchando-paciente/dp/8420648663

Durante las últimas décadas han aumentado tanto el número de personas aquejadas de trastornos mentales como el número de terapias farmacológicas, psicológicas y de otra índole para su tratamiento. ¿Nos encontramos ante una nueva epidemia debida a nuestro estilo de vida actual o existen otras razones que explican el aparente deterioro de nuestra salud mental? En este libro, dos investigadores y profesores universitarios, expertos en Psicofarmacología y Psicología clínica, proponen y justifican con todo rigor una provocativa, y seguramente polémica, teoría acerca de la invención de distintas categorías de trastornos mentales. La creación y propagación de éstas últimas tiene mucho que ver con los intereses comerciales de la industria farmacéutica y con la complacencia de profesionales y pacientes. Los autores han investigado a fondo la evidencia científica acerca de la naturaleza de los trastornos mentales y de sus tratamientos. La conclusión del análisis realizado pone de manifiesto que considerar los trastornos mentales como enfermedades es sencillamente una falacia. Frente al modelo rígido de «enfermedad mental», los autores proponen una visión más abierta de tipo contextual, centrada en las circunstancias personales, en la que se escucha a las personas en vez de a los fármacos.

 

 El Mito De La Enfermedad Mental

 https://www.amazon.es/El-Mito-Enfermedad-Mental-Psicolog%C3%ADa/dp/9505181299

 Sostiene Thomas S. Szasz que la psiquiatría se encuentra en un punto crítico: «Hasta ahora, la regla fue pensar en términos de sustantivos — p. ej., la neurosis, la enfermedad o el trata- miento —. El problema que se plantea es este: ¿Continuaremos por el mismo camino o nos apartaremos de él, orientándonos hacia el pensamiento en términos de procesos? A la luz de este enfoque, en este estudio me propongo, primero, demoler algunos de los principales sustantivos falsos del pensamiento psiquiátrico contemporáneo y, segundo, establecer los cimientos de una teoría de la conducta personal en términos de procesos». Si se entiende y estudia toda conducta humana como un tipo especial de comunicación que se da en el marco de ciertos roles y reglas establecidos, la psiquiatría tiene menos relación con el andamiaje conceptual de la medicina convencional y más con la semiótica y con la ética: comprender una «enfermedad mental» es descifrar su mensaje y elucidar las «reglas del juego». Szasz toma la histeria como ejemplo y analiza las fallas de las interpretaciones clásicas y contemporáneas. Postula, por último, una «teoría de la vida humana como juego» que, apartándose del historicismo, ubique al hombre en su contexto presente y haga lugar también a su albedrío y su facultad de decisión. Porque, como dijo Garrett Hardin, «el juego debe continuar, pero es el hombre el que fija las reglas básicas y el que establece cómo formarán los equipos».

 

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